martes, 30 de septiembre de 2014

Del Homo Videns al Homo Media.

Del homo videns al Homo media. Ana Gabriela Rubio Escobar. En días pasados hemos sido testigos del nacimiento de lo que se vislumbra como un gran movimiento estudiantil. Las preguntas obligadas que surgen pueden ser: ¿cómo se logró articular en tan poco tiempo? ¿A qué responde? ¿Es un síntoma de descontento social? Por lo que el objetivo del siguiente texto es aportar a la discusión y dar una opinión acerca del mismo. De acuerdo con Giovanni Sartori, el Homo Videns es lo que surge después del Homo Sapiens. El Homo Sapiens es aquel que denomina Sartori como el individuo que entiende a través de palabras y no de imágenes. Por lo tanto el homo videns es el ciudadano que forma su opinión política por medio de las imágenes y no de las palabras, lo que trae como consecuencia que su juicio político pueda ser fácilmente influenciado o manipulado por los medios de comunicación que se encargan de transmitir la información a través de hechos sin aparente relación. Aterrizando lo anterior a nuestro actual contexto nacional; es claro que hay dos tipos de mexicanos: El Homo Videns y el Homo media. Un ejemplo del primero, es aquél que se rehúsa a poner en tela de juicio todo lo que la televisión le dice. Situación que más que condenable, resulta preocupante y me pone a reflexionar acerca de los canales que existen en nuestro país para obtener información fidedigna. En el otro extremo se encuentra el Homo media, cuya fuente de información se basa principalmente en medios libres de internet, redes sociales y videos. ¿Qué es lo que está sucediendo en México? Si recordamos mayo del 2012, podremos seguir pistas que nos lleven a una fotografía más amplia del momento actual. Hace dos años, en la Universidad Iberoamericana muchos estudiantes de esa casa de Estudios se manifestaron en contra del entonces candidato presidencial Enrique Peña Nieto; principalmente por su influencia en los sucesos en San Salvador Atenco que terminaron en una violenta represión cuando él era gobernador. El mismo día, el dirigente del Partido Revolucionario Institucional (PRI) –Pedro Joaquín Coldwell- categorizó a los inconformes como: porros, infiltrados y como personas ajenas al estudiantado habitual de la “Ibero”. Lo anterior generó que un grupo de estudiantes de esa universidad, lanzaran un video mostrando 131 credenciales y argumentando que eran estudiantes que no estaban de acuerdo con que el candidato presidencial priísta se presentara en su escuela. La reacción de los estudiantes de las diversas casas de estudio –tanto públicas como privadas- fue de completo apoyo y así se formó el movimiento denominado como #yosoy132. Que logró poner en duda la campaña del puntero (Enrique Peña Nieto) y cuestionó la parcialidad de instituciones y grupos mediáticos en torno al apoyo al candidato tricolor. El #132, se constituyó como una gran movilización de estudiantes que se construyó principalmente a través de redes sociales y logró que muchos tomaran conciencia, a tal punto que estos mismos pusieron el cuerpo en las diversas y multitudinarias manifestaciones que caracterizaron el mes previo a la elección presidencial. Por desgracia el primero de diciembre de 2012, muchos de los adherentes a dicho grupo fueron reprimidos y ello llevó a que el miedo permeara dentro de la juventud, lo que tuvo como resultado la desarticulación de la misma. Ahora en 2014, hace unos días nuevamente la acción juvenil vía redes sociales se manifiesta. Esta vez, impulsada por la bandera que defienden los estudiantes del Instituto Politécnico Nacional al buscar la derogación del nuevo reglamento interno y del Plan de Estudios de diversas facultades y vocaciones que de acuerdo con ellos, va en contra del espíritu del “Poli”. A partir del jueves de la semana pasada, se han registrado dos grandes movilizaciones y se espera una aún mayor el día martes 30 de septiembre cuando caminen desde el Ángel de la Independencia hasta la Secretaría de Gobernación. Considero entonces, que lo que enardece y hace crecer la inconformidad estudiantil es el cuestionamiento de su condición de estudiantes que se manifiestan. Pues, la directora actual de esa institución –Yoloxochilt Bustamante- argumentó que los que marchaban y tomaban escuelas eran grupos ajenos a la institución y nada tenían que ver con un politécnico promedio (si es que eso existe). Regresando al Homo Videns y al Homo Media, me parece que el Homo Media es el que se informa, protesta virtualmente y de acuerdo con su convencimiento decide salir a la calle y poner el cuerpo. Considero que la diferencia nodal entre el Videns y el Media es que, al tener acceso a tanta información “sin colador” en la red, lo que se genera es un hartazgo tal que darle “like” ya no es suficiente. En cambio, el Videns cuando las noticias lo rebasan apaga el televisor o cambia de canal. La red, es autónoma en muchos sentidos -está vigilada-, pero no deja de ser un espacio donde hay debate. Lo interesante, sería llevar ese debate al ámbito común, al entorno donde se mueven los Homo Videns, para buscar que el espacio público nuevamente este politizado. Por ello, es tan importante lo que está pasando ahora. Cuando se toma conciencia de que es necesario poner el cuerpo para lograr un cambio, tal vez sea el inicio del fin del Homo Videns.

viernes, 29 de agosto de 2014

Organizaciones de la Sociedad Civil

“Se trata de un camino donde uno se construye a sí mismo. Yo encontré que ese camino era común en muchas culturas. Desde la más remota antigüedad, diferentes escuelas enseñaron veladamente la única libertad posible para el hombre: su transformación voluntaria.”
René Rebetez

"Cuando una gran transformación se realiza en la condición humana, trae siempre consigo un cambio gradual en las ideas."
Hippolyte Taine

El hombre a lo largo de su historia ha buscado estar cerca de sus semejantes, ha creado muy diversos modos de organización y convivencia, se ha tropezado con él mismo, se ha confrontado con sus limitaciones sociales autoimpuestas, ha experimentado extremos de la misma cuerda con la que ha tejido sus redes: desde guerras bien organizadas, hasta revoluciones emancipadoras, regímenes autoritarios y sueños de liberación que se saborean como puentes entre seres humanos. No importa de qué forma el hombre decida relacionarse con otros, lo que no puede negar es que, parafraseando a Savater, el hombre sólo es humano entre humanos, se humaniza en sus relaciones con otros.Al paso de los siglos las relaciones humanas se transforman, evolucionan. Los seres humanos necesitamos construir  puentes más fuertes y con cimientos más profundos, puentes que nos acercan al otro, al dolor y la necesidad de alguien que necesita tal vez mis manos, pero sin duda sí, mi voluntad, para hacer crecer un proyecto que nos enaltezca como hombres, puentes hacía la diferencia, hacía la transformación social, puentes que nos permitan cruzar sobre los ríos de la ignorancia y la indiferencia. Es entonces cuando la Sociedad Civil Organizada tiende sus posibilidades y nos permite encontrar caminos, puentes y redes que nos hacen más humanos, más conscientes y activos en la construcción de nuestros propios sueños de transformación social.Abre la puerta a infinitas posibilidades; permitamos convertir nuestros sueños en realidades.¡Bienvenido al mundo de las personas que deciden organizarse para tocar realidades y construir mundo cada día!

P. 

martes, 1 de abril de 2014

CAMINAR EN SILENCIO PARA GRITAR ¡YA BASTA DE LA GUERRA!

Caminar como expresión de una determinación moral y material, de la firmeza de un objetivo: no dejar pasar más la raya de la “frontera moral” nacional en lo inhumano y violento, caminar como sinónimo de un hartazgo y dolor ya insoportable ante  una guerra civil (Montemayor dixit) que nunca aprobamos, precisamente, la sociedad civil. A partir de finales del siglo pasado, hay un vuelco radical en cuanto a la identidad de las bajas humanas en las guerras: mientras en la primera guerra mundial el 15% de los muertos fueron civiles, en la segunda fueron el 50% y ya en la primera guerra de Irak (1991) los civiles representaron el 90% de las víctimas.
Las tres iniciativas que el poeta y activista noviolento Javier Sicilia lanzó el pasado 13 de abril en el zócalo de Cuernavaca al país, van dirigidas a la asunción de un mayor protagonismo por parte de nuestra sociedad civil para detener esta etapa de la guerra que nos atraviesa, y lo antes posible hacerla regredir al terreno de las soluciones político-sociales, no armadas.  Esto se logrará si asumimos, como sostenía Gandhi, que: “Nosotros hemos estado acostumbrados por mucho tiempo a pensar que el poder viniese sólo de las asambleas legislativas. Yo he considerado esta creencia un grave error causado por la inercia o por una especie de hipnotismo. Un estudio superficial de la historia inglesa nos ha hecho pensar que todo el poder llega al pueblo por los parlamentos. La verdad radica en que el poder está en la gente y es confiado momentáneamente a quienes ella puede elegir como representantes propios. Los parlamentos no tienen ningún poder y ni siquiera existencia independientemente del pueblo. Convencer al pueblo de esta sencilla verdad ha sido mi tarea en los últimos 21 años. La desobediencia civil es el depósito del poder”.
Está claro que la suma mecánica de estas acciones no constituye todavía una estrategia completa para detener tanta violencia en el país, esto tocará irlo complejizando y enriqueciendo entre sectores más amplios de la sociedad, pero es un punto táctico hacia adelante en la acumulación de fuerza moral y material nacional hacia la detención de este nivel de impunidad e inhumanidad. La primera acción propuesta consiste en ir dando nombre e identidad real a los muertos y desaparecidos de esta guerra, ir construyendo una memoria viva y activa desde abajo, desde la gente, para que esos muertos no sean anónimos, desconocidos, culpabilizados o “daños colaterales”, que se sepa masivamente cómo fue su muerte y haya justicia, para evitar que se repitan otras. Llenar entonces las plazas, u otros lugares públicos simbólicos, del país con placas e historias de esos jóvenes (los más por lejos), niños, ancianos, hombres y mujeres. Es sólo un primer paso, pero indispensable.
La siguiente acción consiste en  una marcha-caminata de cuatro días (5 al 8 de mayo) al corazón de la nación mexicana, al centro de sus poderes, al zócalo-Tenochtitlan. Largas y muy simbólicas caminatas ha habido muchas: la de la sal de Gandhi, la de los comunistas en China, la del millón de Luther King, la de César Chávez a Sacramento, la de la Minga colombiana, la de la Dignidad del Dr. Nava, la del Color de la Tierra de los zapatistas… Pero no se trata sólo de una marcha de Cuernavaca al DF, sino marchas y acciones paralelas noviolentas en muchas ciudades del país y el mundo, que ayuden a crear una gran presión social. Esta movilización es importante para crear un estado de agitación y reflexión colectiva continua durante esos días en todos los rincones del país, que, como bola de nieve social, vaya ampliando una gran columna de la protesta y propuesta nacional que avance desde Cuernavaca, y otros cientos de puntos de nuestro territorio, como una marea de la dignidad y la firmeza de la sociedad civil nacional bajo el lema de “Estamos hasta la madre. ¡Alto a la guerra! Por un México justo y en paz”.
En cada uno de los días de la marcha se irá corriendo la voz en los rincones del país: “Ahí va la ‘bola’ hacia el DF”, similar expectativa a la que sucedió en la marcha gandhiana de la sal, en la medida que avanzaban los días y la gente decía ya están cerca, qué pasó hoy…Será un levantamiento nacional de la indignación moral. Así, a partir del asesinato de Juan Francisco y sus amigos, la sociedad civil está pasando del terreno de la solidaridad al de la lucha, pues los cuerpos están en una situación distinta, ya que todos hemos podido visualizar más de cerca nuestra porpia vulnerabilidad. Se “tocó” a la clase media, y entonces la gran determinación de ese cuerpo agredido hizo que ésta y los demás sectores salieran masivamente a la calle, sobre un piso de gran hartazgo social. La muerte de estos jóvenes significó la acumulación de las  40 mil muertes que permanecían en el silencio, la amenaza, la vergüenza y el terror. Esta convocatoria significó la ruptura de ese terror y la posibilidad de que el dolor social se hiciera acción colectiva.
Javier Sicilia ha insistido también en que sea una marcha-caminata de silencio. El silencio es un arma moral y noviolenta que habla, no es el “silencio de los sepulcros” sino el grito de indignación de los vivos que luchan para que no haya más sepulcros inútiles. No se trata de un silencio pasmado, aterrado, sino activo de lucha. Es un silencio incluyente que une, que ayuda a escuchar y organizarnos, a tomar conciencia de la catástrofe o emergencia nacional en que nos hallamos, una señal de luto por el piso de sangre de 40 mil muertos sobre el que todos caminamos en México. Un ejemplo reciente en nuestra historia de un silencio combativo y esperanzador es el de las comunidades indígenas autónomas chiapanecas desde el 2003.
A este silencio va unida otra idea central: la búsqueda de la verdad. Gandhi llamaba a la noviolencia justamente “la fuerza de la verdad” y eso es lo que gran parte de la sociedad mexicana está buscando: saber la verdad. ¿Por qué hay 40 mil muertos, 10 mil huérfanos y 250 mil desplazados sólo en Juárez, miles de desaparecidos y el gobierno habla de paz? ¿quiénes son los asesinos de los 4 jóvenes de Cuernavaca, de los 6 miembros de la familia Reyes, de Marisela Escobedo y Susana Chávez, de los 16 jóvenes de Salvárcar, de Beti Cariño y Jiri, de los 48 niños de ABC? ¿por qué se destinan 6 veces más fondos a la guerra que al combate a la pobreza si hay 8 millones de jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar? ¿por qué no se ha enfrentado seriamente el lavado de dinero y la autonomía del poder judicial?
Por otro lado, en la historia siempre las masas han tenido la capacidad de identificar símbolos, objetivos claros y sencillos, posibles de alcanzar en parte en un tiempo cercano. Dos símbolos clásicos de grandes marchas han sido la sal en la India (marzo 1930) y la tierra en la zapatista (2001). En estos momentos el símbolo es otro: los muertos y desaparecidos. Iremos a la marcha con los nombres de los muertos y desaparecidos de cada estado, con sus fotos, para “visibilizarlos”. Por eso,  marcharemos juntos, vivos y ‘muertos’, para exigir paz, verdad con justicia y dignidad.
Pero también es importante no autoengañarnos ni crear falsas ilusiones, o reforzar un mesianismo que todos sabemos que no lleva más que a caciquismos y caudillismo estériles y más violentos. Con estas acciones no se va a detener la guerra en el corto o mediano plazo, pero sí se va a ir, como bien señala Javier Sicilia, “reconstruyendo el piso de la nación, que está totalmente desgarrado por tanta violencia, en un estado de emergencia nacional”, sobre el cual se podrán situar todas las demás demandas sociales.  Sin embargo, este nuevo ¡Ya basta!  civil y pacífico, tiene como desafío irse transformando en algo organizado y estratégico, que no puede depender de la iniciativa, como en parte hasta ahora, de una o varias figuras centrales con alta acumulación moral pública. Lograr esta articulación y suma organizada positivamente con pluralismo, respeto, libertad y creatividad será la posibilidad de pasar de una etapa de movilización a una de movimiento social.
El paso final de esta etapa de lucha civil y pacífica será construir una especie de “pacto”, como sostienen muchos, primeramente entre la sociedad civil, y luego con las otras fuerzas sociales del país, con una serie de pocas y muy concretas acciones básicas sobre la seguridad, economía, justicia…, que hay que asegurarse sean cumplidas por los responsables. El pacto nace de la crisis del modelo de representatividad política, donde la clase política no representa ni escucha a nadie.
Estamos ante un parteaguas en nuestra historia actual, la foto de la disyuntiva es: por un lado el sistema trata de imponer la ley de seguridad nacional que atenta contra toda forma de los derechos humanos y militariza más al país; por el otro, estas movilizaciones masivas civiles y noviolentas por la paz con justicia. Guerra o paz.
 Por eso hay que marchar ¡ya!  Es hora de levantar la voz y el cuerpo, unirnos en un ¡Alto a la guerra en México!

Pietro Ameglio
Revista “Proceso”, 1º mayo 2011



martes, 1 de mayo de 2012

¿Para qué Filosofía?


Existe en la actualidad la opinión generalizada de que la filosofía “no sirve para nada”, junto con la idea de que el sistema educativo debe formar ciudadanos productivos, es decir, seres humanos competentes en el funcionamiento del sistema económico y el sistema político, esto hace que la pervivencia de la filosofía en los planes de estudios preuniversitarios se encuentre en peligro constantemente. Si confesamos de entrada que la filosofía no es una ciencia sistemática, carece de aplicaciones productivas y, lo que es más, introduce la duda y el debate acerca de la identidad personal, el vínculo social y sobre los valores en que se asienta el sistema político, parecerá que damos argumentos para su marginación; ni el estado ni las personas se sentirían tentados a pagar por el ejercicio profesional de esta actividad.
Las sociedades actuales requieren para su funcionamiento el trabajo de profesionales calificados de todo tipo, y debo decir que además el avance de las investigaciones y la técnica es tal que resulta necesario la constante actualización de conocimientos. Es aquí en donde los críticos a la enseñanza de la filosofía cuestionan que dado este contexto ¿cuál es el lugar de la filosofía en una sociedad como esta?
En primer lugar vale la pena pensar que no toda filosofía ha funcionado socialmente como un saber crítico, algunas filosofías en momentos históricos diversos han funcionado como herramienta para legitimar algunos ordenes sociales y políticos. Del mismo modo es importante reflexionar que la filosofía ha contribuido poderosamente a dar forma también a las creaciones humanas, ha permitido que las personas tengan una capacidad configuradora del mundo. En este sentido las sociedades complejas actuales son en buena medida producto de la acción racionalizadora de la filosofía, y en esto es que se puede encontrar tanto un argumento a favor de su enseñanza como uno en contra.
La filosofía es necesaria en la socialización de las personas, particularmente de los jóvenes, ayuda ineludiblemente a comprender el mundo en que se insertan y que los configura como son ayudándoles a cobrar conciencia conceptual sobre ciertos modelos de racionalidad, a comprenderse a sí mismos como son y a tornarse críticos al respecto de su propia realidad y la realidad social que les atraviesa. Este punto es de suma importancia para entender de qué forma es pertinente la enseñanza de la filosofía sin que ésta se convierta en esa arma de doble filo de la que hable algunas líneas atrás. La dimensión crítica de la filosofía entendida como un valor positivo (crítico vs. dogmático) es aquello que esencialmente debe considerarse fundamental para la formación de los seres humanos, es lo que permite cuestionar a la filosofía misma al respecto de sus posibles legitimaciones que van más allá de ella.
Esta capacidad crítica de la filosofía es lo que nos permite separar o distinguir al filósofo de sus eventuales utilizaciones ideológicas, hay algo en el ejercicio del pensamiento filosófico que trasciende siempre los límites de cualquier ideología, es justo la capacidad crítica lo inseparable de todo ejercicio argumentativo. Entonces ¿no es acaso una posición dogmática la que toman los críticos de la enseñanza de la filosofía al mostrar su intención “productivista” y valorar la filosofía y su transmisión como algo superfluo? En lo personal, justamente lo que muestra este tipo de posturas es su enorme necesidad de la filosofía.
La sociedad necesita el estudio de la función crítica y racionalizadora de la filosofía para hacer posible la comprensión de su propio funcionamiento; esta labor solo puede ser realizada transmitiendo en primera instancia sus propias realizaciones enmarcándolas en una tradición, esto quiere decir, permitirle el acceso al estudiante a la historia de las ideas para en un segundo momento invitarlo a hacerse consciente de los modelos axiológicos en los que está inmerso y que lo ayudaran a construirse como un individuo crítico de su propia realidad.
Aquí me parece pertinente recordar a Deleuze en su texto ¿Qué es la filosofía?[1] En donde al hacerse la pregunta esencial por la filosofía dice que la filosofía es creación de conceptos, y el concepto es un tubérculo, siempre móvil y mutable; todo concepto nace de una experiencia singular. El concepto es un acto de creación y la filosofía tiene como medio de expresión justamente eso, los conceptos. La creación de pensamientos es una forma de arte, todo concepto es un dispositivo de experimentación y es a la vez experiencial. Como he mencionado anteriormente en esta sociedad tecnologizada se tiende a pensar en la reflexión filosófica como algo innecesario y ocioso, se da prioridad a aquello que tiende a un fin productivo, algo así como una teleología material. La respuesta que daría Deleuze al respecto es que justamente no existe punto de partida ni de llegada, aquello que realmente importa es el instante, el ENTRE, eso es lo que transforma, el pensamiento filosófico es en sí ya un acto intensivo. Los conceptos son aerolitos no mercancías. Ahora bien, para llegar realmente a tener ideas genuinas hay que tener cierta formación en el tema, en este caso filosofía, hay que tener claro que tener una idea es un acontecimiento, no es común, y esto se logra únicamente en la preparación contante en la tradición filosófica, de lo contrario lo que tendríamos como resultado sería únicamente una serie de ocurrencias. Sólo en la técnica puede haber imaginación, es por ello que la enseñanza de la filosofía, de la historia de la misma, se vuelve algo fundamental para poder desarrollar a partir de ello ideas propias. La filosofía es un acto de creación y la creación es siempre un acto de resistencia. Y claramente la idea necesita agenciarse o materializarse para trascender, para servir como detonador. Es en esta forma en que la filosofía se convierte en actualmente necesaria, es indispensable dejar atrás el paradigma de pensamiento como simple reflexión inútil, y entender que el pensamiento es en sí un acto de creación.
La filosofía además es un acto de formación de seres humanos idealmente conscientes, y formar es más que conocer, es un modo de percibir y de actuar que articula la personalidad del sujeto, y supone que ese sujeto es una totalidad que se autodetermina. Formarse es reconocer en lo extraño lo propio y hacerlo familiar, es el movimiento esencial por el que accedemos a la humanidad plena, es por ello que nos formamos apropiándonos del lenguaje, las costumbres, los conocimientos e inclusive de las creencias de la sociedad a la que pertenecemos. Entonces formarse no es únicamente la adquisición de conocimientos, sino también el desarrollo de la sensibilidad y el tacto, con nuestra capacidad de experiencia estética y de discernimiento histórico.
Es la filosofía lo que debe permitir una ruptura con la creencia de que el conocimiento científico es la única vía de acceso a la verdad y lo que permite que los sujetos se conviertan en máquinas productoras de riqueza.
La filosofía está comprometida a repensar los postulados de acciones sociales con sentido crítico, con una política participativa y con una racionalidad compatible con la libertad.
Para concluir entonces, en definitiva la enseñanza de la filosofía no sólo es actual, es necesaria para coadyuvar a construir individuos capaces de cuestionarse al respecto de su lugar en el mundo, para insertarse en una sociedad que se presenta llena de nuevos retos y por lo tanto de nuevos paradigmas, dignos de ser puestos siempre en cuestión, para desarrollar ideas propias y llevar a cabo acciones conscientes transformadoras de su propio entorno.

Priscilla Bulnes

[1] Deleuze, Guilles, Guattari. Qué es la filosofía? Trad. Thomas Kauf Url: http://es.scribd.com/doc/63115/Deleuze-Y-Guattari-Que-Es-La-Filosofia

martes, 30 de agosto de 2011

El joven a sus juiciosos consejeros

¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema? ¿Que cante
mi canto del cisne al borde del sepulcro
donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar en su mar natal.

La viña desdeña los frescos valles,
los afortunados jardines de la Hesperia
sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago
que penetra como flecha el corazón de la tierra.
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en elcombate?

La vida no está dedicada a la muerte,
ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter
no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces.

¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!
¡No habléis de vuestra felicidad!
¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla!
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!
¡No intentéis detener los corceles del sol
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta,
no pretendáis que sirva a los esclavos!

Y si no podéis soportar la hermosura,
hacedle una guerra abierta, eficaz.
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado,
hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.
¡Cuántos habéis logrado someter
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza
para las iluminadas orillas del Oriente!

Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida
y al cielo del entusiasmo.
Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza.

Hölderlin